Alimentación bio

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Alimentación bio2021-08-02T13:33:23+02:00

El éxito de la alimentación bio puede ser también su gran debilidad, cuando algunas grandes empresas quieren convertir esta práctica transformadora en un mero negocio.

La alimentación bio ¿podría morir de éxito?

El consumo de alimentos bio experimenta un crecimiento imparable. La mitad de la población los compra en Cataluña. Un 37% una vez al mes, un 25% los consume cada semana y un 5% cada día. Cifras similares a nivel nacional. Mirado con perspectiva, las ventas no paran de aumentar.

Estas cifras optimistas esconden otra realidad: el éxito de la alimentación bio ha provocado que hayan grandes empresas de la industria agroalimentaria que lo ven como un nuevo filón de negocio. La agricultura ecológica surgió como una alternativa saludable, sostenible y justa frente a un modelo caracterizado por una producción homogénea, intensiva, deslocalizada, repleta de pesticidas, trabajo en precario y abuso del campesinado; la alimentación bio, en manos de estas mismas empresas, podría sufrir de las mismas malas prácticas excepto la de utilizar pesticidas tóxicos.

Estamos viendo como grandes supermercados (Hipercor, Carrefour, El Corte Inglés, Lidl, Aldi, Alcampo…) están introduciendo en sus estanterías productos ecológicos. Carrefour ha inaugurado supermercados bio, siguiendo la política de la matriz en Francia. A la vez, El Corte Inglés apuesta por abrir supermercados ecológicos dentro de sus grandes almacenes con el nombre de La Biosfera. En palabras de sus directivos, es la «fiebre verde».

La entrada de los productos ecológicos en la gran distribución, tanto como la apertura de supermercados bio por otras empresas ha planteado el debate sobre la oportunidad y la amenaza potencial que significan estas prácticas para el sector. La venta a través de estos supermercados gigantes permite llegar a más público y vender más productos, pero los supers son, a la vez, de los principales responsables del modelo injusto de producción, distribución y consumo de alimentos. Puede que comamos productos más saludables, pero de dónde vienen, en qué condiciones han sido elaborados, qué salario pagan a sus trabajadores, son algunas de las preguntas que hay que hacerse.

La industria agroalimentaria ha visto también un negocio en este sector en constante crecimiento y comercializan muchos productos bajo la etiqueta bio. Estas empresas nos ofrecen opciones ecológicas por un lado mientras por otro nos quieren vender alimentos donde el respeto al medio ambiente y la calidad de los ingredientes es lo último que importa. Grandes distribuidores tienen también sus marcas blancas bio y no dudan en vestirse de verde para poder seguir haciendo negocio.

Dicen que venden productos ecológicos certificados, pero habría que ver si se trata de productos realmente locales o si vienen del otro extremo del mundo, si pagan un precio digno al productor o al campesino, si son alimentos de temporada, más allá de vendernos un alimento sin pesticidas químicos de síntesis y libre de transgénicos. Es es lo que nos permitirá ver si, además de comer bien, la agricultura ecológica, en manos de la agroindustria, es motor de transformación. No es así en la mayoría de los casos.

El último empellón del «capitalismo verde» para introducirse en el sector ha sido la adqusición, por parte de grandes multinacionales y sociedades de capital riesgo, de empresas bio de toda la vida. En la medida en que las grandes empresas se dan cuenta que este es un nuevo nicho de mercado, la ofensiva no se hace esperar.

De todos los embates que tiene que enfrentar el sector de la alimentación ecológica, este es el más preocupante. No se trata ya solo de supermercados que comercializan marcas blancas o que venden productos bio o grandes empresas de la industria agroalimentaria que lanzan al mercado una línea de alimentos orgánicos. Estamos asistiendo a la adquisición directa de empresas referentes del sector, sin que seamos consciente como consumidores de ello, porque lo que le interesa a los nuevos dueños es que «todo siga igual». Está bastante claro que la práctica de estas grandes multinacionales no tiene en absoluto ninguna relación con la de una empresa familiar y local pionera en la alimentación ecológica.

La gran debilidad de la alimentación bio puede ser también su éxito, cuando algunas de las grandes empresas deseen convertir en un mero negocio esta práctica transformadora.

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